El enemigo en tiempos de crisis

11
Abr

El islam y la cooperación con el enemigo

La pandemia del Covid-19 que se ha cebado con el mundo estas semanas ha dejado al descubierto muchas de las certezas que dábamos por sentadas hasta hace pocos días. El hombre endiosado que se cree estar por encima de cualquier amenaza, los países desarrollados que se creían preparados para cualquier eventualidad, como la guerra, destinando ingentes cantidades de dinero a la industria armamentística al mismo tiempo que reducía la inversión en la educación, la sanidad y el bienestar social.

También ha dejado al descubierto la farsa de la civilización que abandona a sus mayores en residencias para dejarles literalmente morir; ¡¿Qué sería de esos hijos e hijas cuyos padres han sido encontrados muertos sin ninguna atención ni despedida?! E incluso hubo quienes han declarado públicamente sacrificarlos en pro del dios don dinero.

Pero lo que más ha dejado en evidencia esta pandemia es el absurdo del egoísmo y el nacionalismo en momentos en donde el colectivo es más importante que nunca, de hecho, de la cooperación entre todos depende salir de esta catástrofe. Discursos de la competitividad y el éxito personal que se repetían como mantras, de repente han sido silenciados para apelar al sentimiento comunitario y global en cada país, hasta el punto de imponerlo por leyes, normas y estados de alarma. Lo cual está bien, si sacamos una lección de vida para ello.

Sin embargo, a nivel internacional y de la Unión Europea se ha visto cómo la humanidad ha muerto desde hace tiempo en los corazones de los mandamases, de los sacerdotes del templo del lucro, hasta el punto de abandonar a países enteros a su suerte.

La cooperación internacional en momentos de catástrofes y crisis humanitarias era el último eslabón que permitía creer en un orden mundial con un mínimo de sentido ético de humanidad. El Coronavirus vino a quitarnos la venda de los ojos y enseñarnos la cruda y criminal realidad.

Cuando China empezó a sufrir las consecuencias de la propagación del virus (aparte queda la crítica a la gestión criminal de sus autoridades ocultando el brote en los primeros momentos), nadie se preocupó de ir a sofocar el fuego, pues quedaba lejos, luego llegó a Irán, y sucedió lo mismo, con el agravante de la posición criminal de Estados Unidos de mantener las sanciones que impedían a los iraníes importar material médico.

Cuando llegó a Italia, tampoco nos preocupamos demasiado, aunque se veía venir. Las autoridades europeas se quedaron de manos cruzadas, la vida seguía igual con la movilidad de las poblaciones en sus máximos y las competiciones deportivas y culturales como si nada. Incluso cuando llega a España, cuando empezamos a preocuparnos en serio, la UE y EEUU estaban más centrado en la economía que en salvar vidas humanas. Otro gallo empezó a cantar cuando el Corona llegó a París, Berlín, Londres y Nueva York.

Para colmo, ahora que países como España e Italia necesitan apoyo de sus amigos y socios europeos, que se supone que son países unidos, para mantener sus economías a flote, resulta que ya no estamos tan unidos y que cada uno ha de rascarse solo. Si esto sucede entre socios y amigos, ¿qué vamos a esperar de países con quienes no tenemos buenas relaciones?

En momentos de crisis como la actual, lo más importante es la vida humana, la supervivencia de la humanidad se ha de poner en el centro, las demás consideraciones pierden importancia. La misma pandemia nos ilustra que somos una sola raza, una sola familia. El virus no distingue entre países ni colores de la diversidad humana. ¿Cómo es que hemos caído tan bajo?

La respuesta es evidente y ha de servirnos para hoy y mañana. Los valores que rigen el mundo actual son contraproducentes y amenazan nuestra supervivencia. Hace falta poner la vida humana y del planeta en el centro de la educación, de la política y de la economía.

La crisis actual acentuada por el nacionalismo recalcitrante y los egoísmos predominantes me ha recordado dos sucesos que han tenido lugar en la vida del Profeta Muhammad, la paz sea con él. Y es menester recordarlos estos días, al igual que, acertadamente, se han recordado sus consejos sanitarios para actuar durante las pandemias.

Se trata de dos sucesos que le han relacionado con su pueblo que le perseguía e intentaba acabar con él y con su misión.

Reza la oración de la lluvia por Quraish

Una vez asentado el Profeta en su nuevo país, Medina, sus enemigos en la Meca sufrían años de sequía. Los notables de Quraish se acordaron de su hijo pródigo pero perseguido por ellos mismos para pedirle ayuda, pues sabían del favor divino del que gozaba desde que era niño cuando su tío rezó por la lluvia con él levantado en sus brazos. Así que acordaron enviar a Abu Sufián a rogarle que rezara porque lloviera en su ciudad natal.

¿Qué creen que ha hecho el Profeta Muhammad? ¿Cuál habría sido la respuesta de Trump o de la UE? Es bueno pensarlo antes de informaros que sin inmutarse ni quejarse, el Profeta Muhammad se puso a rezar y rogar a Dios por los niños, las mujeres y los oprimidos de la Meca cuyas vidas amenazaba la larga sequía. Y llovió.

Prohíbe a su compañero hacer boicot a Quraish

Zumam Ibn Azal, cuya historia es digna de conocer, era uno de los líderes de la gran tribu de Banu Hanifa cuyo territorio era conocido por Al Yamama, la huerta de Arabia, es decir, la Almería de hoy para Europa. Cuando el Profeta le perdonó la vida por un crimen que había cometido, se sintió atraído por el islam y en deuda con el Profeta, así que se hizo musulmán.

Al volver a su tierra, convenció a sus iguales en Yamama para declarar el boicot a Quraish por lo que había hecho al Profeta, la paz sea con él. Así que la Meca empezó a sufrir escasez e incluso hambre; se quejaron ante los lideres de Yamama y nada, así que una vez más tuvieron que ir a quejarse ante el Profeta, que entonces aún no tenía autoridad política ninguna para obligar a la tribu de Banu Hanifa a obedecerle. Aun así, no se quedó de brazos cruzados y mandó un escrito a Zumama ordenándole, como fiel musulmán, cesar de hostigar y boicotear al pueblo de la Meca y reanudar el comercio y el abastecimiento de Quraish.

 

La enemistad no es excusa para no socorrer a tu hermano, jamás debe serlo.

Dios dice en el sagrado Corán, en el Capítulo la Mesa Servida que conmemora el milagro de la multiplicación de los panes y los peces de Jesucristo, la paz sea con él, en el versículo 8:

¡Oh, creyentes! Sed firmes con [los preceptos de] Dios, dad testimonio con equidad, y que el rencor no os conduzca a obrar injustamente. Sed justos, porque de esta forma estaréis más cerca de ser piadosos. Y temed a Dios; Dios está bien informado de lo que hacéis.

Mucha razón tenía el irlandés George Bernard Shaw cuando dijo: “Si Muhammad estuviera entre nosotros, resolvería los problemas del mundo tomando una taza de café”.

Houssien El Ouariachi

 

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