La violencia estructural y la noviolencia

17
Nov

Ponencia del presidente de ONDA en el marco de las jornadas sobre la Noviolencia organizadas en Madrid en Noviembre

La humanidad vive un momento crítico de su historia y la violencia su mayor característica, tanto es así que perfectamente podemos describir nuestros tiempos como la era de la violencia.  El fenómeno, que ha existido históricamente, jamás adquirió unas dimensiones y unas legitimaciones ideológicas y filosóficas como en la edad moderna hasta el punto de constituir la esencia de las relaciones humanas, sociales e internacionales.

Los conflictos armados, las armas de destrucción masiva, la contaminación, la destrucción del medio ambiente, el crimen organizado, la trata de personas, el terrorismo, la delincuencia, la violencia machista, el racismo y la intolerancia no son más que las expresiones directas y materiales de un sustrato ideológico basado en el desprecio a la condición humana, el odio y la violencia.

No obstante, la violencia estructural es mucho más profunda y global, se trata de un fenómeno que pasa inadvertido para mucha hasta el punto de que muchas víctimas de la misma no son conscientes.

La economía especulativa produce la miseria y el hambre, el maquiavelismo político el oportunismo y la corrupción, la industria militar promueve la guerra y la muerte, la industria farmacéutica comercia con la salud, la banca usurera explota el sudor de los trabajadores y emprendedores, la industria petrolera y las energéticas destruyen el planeta y obstaculizan el paso a una energía limpia y sostenible, las multinacionales del textil y las tecnológicas  explotan a millones de seres humanos y condenan a millones de niños a la esclavitud, millones de mujeres son víctimas de trata, el tráfico y el consumo de drogas fortalece a las mafias al tiempo que destruye el tejido familiar y social, la persecución política se normaliza, las desigualdades se acrecientan en el seno de cada país al mismo tiempo que crece la brecha entre el norte dominante y el sur dominado, el expolio de los recursos de los países empobrecidos condena a millones a inmigrar, la amenaza nuclear siembra el terror en el mundo, la pobreza, la brecha tecnológica, el racismo, la intolerancia, el desgaste de la organización de las Naciones Unidas, la ineficacia de la comunidad internacional en la resolución de los conflictos… esta violencia estructural es el síntoma de un mundo enfermo y una civilización humana en decadencia.

La visión del hombre depredador, competitivo, individualista y materialista está detrás de la decadencia moral y el debilitamiento de los valores humanos nobles, asistimos al endiosamiento del hombre que se cree capaz y con derecho a explotar y someter el mundo en base a la religión del progresismo infinito y depredador. Una ideología que reduce al ser humano a la condición de mano de obra y de consumidor sin más propósito en la vida que el de producir y satisfacer sus instintos básicos.

Es imprescindible un cambio ético profundo que sitúe al ser humano en el lugar que le corresponde, el de un ser dignificado y honrado pero que no es Dios, lo que significa reconocer sus límites; se trata de cambiar de paradigma que conlleve una renovación antropológica. Es un trabajo que requiere un proceso de desintoxicación de los valores negativos que gangrenan nuestros espíritus, y que nos llevará a una nueva sociedad más humana, justa y solidaria. El capitalismo y el mercado no son la religión natural de la humanidad, como dice Karl Polanyi.

Este esfuerzo espiritual y ético nos ayudará sin duda a salir del ciclo de la violencia multidimensional y a reconciliarnos con nosotros mismos y con el planeta y las especies vivas. El amor, la justicia, la compasión, la paz, la solidaridad, la sabiduría y la ética son el antídoto a los males del egoísmo, el odio, la violencia, el lucro ilícito, la desigualdad, el maquiavelismo y la ignorancia.

Houssien El Ouariachi

Presidente de ONDA