Y la mejor maestra de 2016 es… de Palestina

15
Nov

Por Houssien El Ouariachi

El Global Teacher Prize (Premio Global de la Docencia) ha otorgado hace unos días el premio al mejor docente del mundo en su edición de 2016 a la maestra palestina Hanan Al Hroub, lo que ha sido recibido con mucha alegría y también con sorpresa, puesto que los maestros y profesores de un país bajo ocupación, como es Palestina, no trabajan precisamente en condiciones óptimas.

Sin duda, una de las vocaciones más nobles y más sensibles, para bien y para mal, es la docencia. Quién no recuerda a sus maestros de primaria, quién no ha aprendido y adoptado enseñanzas de sus maestros para su vida. De ahí viene la grandeza de los maestros y maestras, y del papel clave que juegan en el forjamiento de las futuras generaciones.

La maestra Hanan Al Hroub es un ejemplo de la excelencia docente, pues no se ha dejado dominar por las difíciles condiciones de vida bajo la ocupación israelí que hostiga a la población día sí y otro también, ni el estado de ánimo de los niños a quienes educa y enseña.

Las fuerzas de ocupación someten a los palestinos a una realidad de permanente castigo colectivo, calificado por más de un jurista internacional de crímenes de guerra, y quienes más sufren esta opresión son los niños, que tienen que ser cacheados en los check-points de camino al colegio, que los soldados israelíes les apunten con sus modernas armas y obligarles a enseñar lo que llevan en sus mochilas, por no hablar de los disparos al aire para intimidar, el sobrevuelo de helicópteros apache, la humillación de sus padres… No en vano, los tres hijos de la maestra palestina han sufrido el horror de un ataque del Tzahal con disparos en compañía de su padre, ataque del que resultó herido este último.

Hanan no sucumbió a la lógica del miedo y parálisis que la barbarie israelí impone a los palestinos, y ha hecho de tripas corazón, empezó a educar a través del juego a sus hijos para superar el trauma sufrido y a enseñarles la cultura de la no violencia. El éxito obtenido con sus hijos le animaría a llevar el nuevo método a su escuela donde educa y enseña a los niños y niñas palestinos.

La maestra palestina de un colegio situado en un campamento de refugiados cercano a Ramala publicó un libro de pedagogía titulado “Jugamos y aprendemos” en el que ilustra su metodología de trabajo. Al respecto dice: “El niño palestino vive privado de su infancia a causa de tanta muerte, violencia y agresiones diarias en los barrios, las ciudades, las aldeas, los campamentos y los puestos de control, lo que ha afectado negativamente a su personalidad que se hace tendente a la violencia en todas sus formas”.

Describiendo su método y el porqué de su éxito, dice: “Nuestro método de educación se basa en el juego para implantar los valores de la esperanza, la ambición y la seriedad en la psicología de los niños”.

Gracias a su esfuerzo y entrega, esta maestra ha conseguido grandes resultados con muchos niños que han logrado superar sus traumas y sus miedos, consiguiendo recuperar su infancia, las ganas de jugar y divertirse, la autoestima y la confianza, además de conseguir excelentes notas en sus estudios, y lo que es todavía más impresionante, estos mismos niños se convierten en embajadores del método de Hana Al Hroub reproduciendo los mismos juegos en sus barrios.

En otro gesto de nobleza y ejemplaridad, la Maestra ha decidido que el millón de dólares de la dotación del premio sea dividida en 10 años para premiar con 100 mil dólares de ayuda a aquellos maestros que implementen su método en sus colegios, lo que augura un gran éxito, otro más, a los docentes palestinos y al futuro de la lucha del pueblo palestino por su liberación.

Cuánta razón tenía el poeta egipcio Ahmad Chaouqi cuando dijo en su famoso poema dedicado a los maestros y las maestras:

Ponte de pie y saluda al maestro con reverencia

pues el maestro es casi un profeta.