VIVIR UNA VIDA AUSTERA, EL SECRETO DE LA FELICIDAD

15
Nov

Por Houssien El Ouariachi

Hace unos días, el ya expresidente de Uruguay, el señor José Mújica, conocido por su vida liviana y austera, le decía al rey Juan Carlos, “”Dicen que soy un presidente pobre, que era un presidente pobre. No, no. Pobres son los que precisan mucho. Cada cual tiene sus manías. Tú no puedes, porque tuviste la desgracia de ser rey. Te pusieron arriba de un florero“.

El mismo presidente afirmaba más de una vez que los políticos tienen que vivir como vive la mayoría y no como vive la minoría. Toda una declaración de principios éticos de los que hoy carecemos la mayoría.

Vivimos en unos tiempos donde los valores están alterados, el mundo patas arriba, como se suele decir. El afán de poseer y acumular riqueza y la obsesión por el consumo parecen ser las únicas vías para la liberación de las personas, cuando en realidad son todo lo contrario, las vías para la servidumbre, la corrupción y la injusticia.

Muchos de los que se oponen a los capitalistas, banqueros y demás explotadores del esfuerzo y el sudor humano, si tuvieran la oportunidad de ser ricos y capitalistas, no dudarían en seguir los mismos pasos que los primeros, a veces, como se suele decir, incluso peor. Ejemplos con nombres y apellidos no faltan.

La cuestión no es sólo una lucha de clase, si es que hay que hablar de clases sociales, sino sobre todo una lucha contra un espíritu que tiende a rebajar al ser humano, el espíritu del apego a lo mundano, el espíritu consumista, un espíritu que es el mayor aliado de aquellos a quienes criticamos y que efectivamente aprovechan por todos los medios para someternos a su lógica. Hay que cambiar de paradigma.

Uno de los argumentos más importantes de la desafección entre las clases adineradas y las más necesitadas reside justo en la vida que llevan unos que contrasta con la de otros. Unos pocos que viven una vida de lujo y una mayoría que apenas sobrevive por carecer de los medios necesarios para una vida digna. Es más, se ha hecho del estilo de vida consumista, de lujo, derrochador… un ideal que los medios de comunicación convierten en legítimo e incluso en algo deseable. Si fuera justo, deberíamos buscar unos cuantos planetas más para que todos vivamos una vida así de lujosa, aunque no necesariamente más feliz. Pero la realidad nos demuestra que cuando unos consumen más de lo que deben y derrochan, se lo quitan a otros. La riqueza de nuestro planeta es finita.

La defensa de la vida austera es la defensa de la vida digna, de la vida en libertad, una lucha contra el egoísmo, la insolidaridad y la inconsciencia, además de un argumento imprescindible por la justicia social, económica y medioambiental. De ahí la importancia de unir las dos luchas, la espiritual propia de cada uno de nosotros para limitar y frenar las ansias de posesión y acumulación de riqueza, y la lucha colectiva por un estilo de vida y una sociedad sanas, justas, solidarias y libres.

El Mensajero de Dios, Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, decía: “Si el hijo de Adán tuviera un río de oro, desearía tener un segundo, y si tuviera dos, querría tener un tercero, y así es de codicioso hasta que le llega la muerte”.

La vida del Profeta, Dios esté complacido con él, y de sus compañeros, son todo un ejemplo para vivir una vida desapegada de lo mundano, al mismo tiempo que no rehuían del poblamiento de la tierra y de tomar los medios necesarios para unas mejores condiciones de vida.

El espíritu asceta o austero es hoy más necesario que nunca para hacer frente a esta ola esclavizadora del materialismo y del afán por poseer cosas. No se puede luchar contra el espíritu de la ignorancia adoptando un estilo de vida propio de los inicuos.

Addunia hay que tenerla en la mano y no en el corazón, hay que poseerla y no ella a nosotros, ese el secreto de la verdadera libertad y de la verdadera felicidad.

En el islam existe el concepto de Qana’a, un concepto difícil de traducir, pero viene a significar sobriedad, continencia, satisfacción… con lo poco que uno puede tener.  Ese concepto es la puerta de la felicidad en cuanto a medir y valorar las cosas de este mundo de abajo. Como dice el refrán: “La qana’a es un tesoro que nunca se acaba”.

Y como decía Séneca, el gran filósofo romano: pobres son aquellos que precisan mucho para vivir.

Una filosofía de vida con estos valores no hace más libres y más livianos, y en consecuencia, más felices. ¡Qué contradicción! Mientras buscamos ser felices comparando más y más, y trabajando más y más para poder comprar y acumular cosas, con el riesgo de caer esclavo y prisionero del consumo, creyendo que es lo que nos hace felices, y resulta que cuantas menos cosas necesita uno, más libre y feliz se es.