TURQUÍA Y LA UE

15
Nov

Últimamente las relaciones entre Turquía y algunos países miembros de la Unión Europea están muy tensas, tanto que las acusaciones mutuas han alcanzado unos niveles inimaginables hace sólo unos años atrás.

Por desgracia, es muy común en nuestros medios de comunicación españoles y europeos ver la versión única y unidireccional de la perspectiva eurocéntrica, en lugar de intentar ofrecer información de todos los actores para que los ciudadanos puedan tener un juicio objetivo. Y si ocurre con un país candidato a forma parte de la UE, la noticia es todavía más incomprensible.

Alemania, Austria y Holanda impidieron a ministros y dirigentes turcos hacer campaña por el referéndum a favor de la reforma constitucional que convertiría el país otomano del régimen parlamentario a otro más presidencialista el próximo 17 de abril. Los turcos se tomaron muy mal la prohibición y el trato “denigrante” a sus dos ministros que no dudaron en tachar la decisión de nazi. Independientemente de lo acertado o no de celebrar semejantes mítines fuera de su territorio, el caso es que los mismos dirigentes, e incluso con Erdogán a la cabeza, sí celebraron en ocasiones anteriores este tipo de mítines, lo que se ha interpretado como injerencia en los asuntos internos turcos.

El distanciamiento entre Turquía y la UE viene agradándose desde que Turquía se uniera al Club de los grandes como el G20 y la adopción de sus dirigentes de un discurso que trata con la UE de tú a tú, lo cual no debe de haber gustado nada a los amos actuales. Mientras los turcos apoyaban sin fisuras la democratización del mundo árabe, la UE se mostraba dubitativa, cuando los turcos derribaron el caza ruso, la UE (y EEUU) no mostraron el apoyo que esperaban que se diera a un miembro de la OTAN, el golpe de Estado fallido en Turquía no fue condenado por la UE (ni EEUU) de forma categórica como se esperaría… el vergonzoso acuerdo sobre los refugiados de hace justo un año parecía acercar más a las partes, sin embargo, nuestros políticos y nuestros medios no dicen nada del incumplimiento de la UE de lo acordado. Nuestro cinismo alcanza su cénit cuando no mostramos interés alguno por comprender qué está sucediendo con Turquía al mismo tiempo que no cesan de lanzar ataques para ningunear a una potencia que, a pesar de todo, sigue interesada en unirse a la UE… de momento.

Los turcos, en un afán de demostrar su grandeza y sus favores a las diferentes naciones europeas en diferentes momentos de la historia, esgrimen varios momentos que haría sonrojar a muchos dirigentes, especialmente a los más nacionalistas y turcófobos.

Por ejemplo, a Nicolas Sarkozy, en una visita a Ankara hace pocos años que prefirió realizar como presidente del G20 de turno en lugar de presidente de la República de Francia, Erdogán, para avergonzarle y hacerle entender que a una nación como la turca hay que mostrar respeto, le entregó una carta de François I que envió a Solimán el Magnífico rogándole ayuda para sacarle de la prisión de Carlos V de España.

Estos últimos días, en respuesta al furor antiturco de la derecha holandesa, el presidente turco sacó a lucir la historia de nuevo. Erdogán recordó a los holandeses su llamada de socorro al sultán otomano para defenderse de los ejércitos españoles que se acercaban, Solimán el Magnífico les envió uniformes del ejército otomano para que los vistiera la vanguardia holandesa y sólo con ello repeler las intenciones españolas, lo cual se consiguió y retardó la conquista durante 30 años.

Menciono estos dos ejemplos para darnos cuenta cómo se sienten los turcos, comprender su postura, sin que ello signifique necesariamente compartirla, para darnos cuenta cuán maltratados son en nuestros medios y por nuestros “intelectuales, analistas y periodistas”, quienes ofrecen casi siempre una versión sesgada y sin hacer el mínimo esfuerzo de comprender sus razones.

Los nacionalismos y el populismo pisotean los valores que han hecho y hacen, de momento, de la Unión Europea la casa de la pradera en la que todo el mundo se fija y quiere imitar en su Estado del bienestar, el progreso y la justicia social, y convierten un excelente candidato a ser miembro de la UE en un enemigo y un chivo expiatorio haciendo gala de una islamofobia galopante.

Asimismo, el mismo nacionalismo y el populismo están perjudicando el desarrollo de Turquía y empujan a este país a meterse en muchos problemas innecesarios. La UE es un socio, y pasarse de frenada acusando a los países centrales de nazis no ayuda al entendimiento ni a abordar las negociaciones de adhesión de la manera idónea.

Cualquiera que desee el bien y la paz para nuestro mundo, y en especial para la cuenca mediterránea, sabe y reconoce que Turquía necesita a la UE tanto como la UE necesita a Turquía.

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