Palestina y la deuda británica

15
Nov

Por Houssien El Ouariachi

Hace justo un siglo, e iniciados los combates contra los otomanos en Palestina con apoyo de fuerzas árabes, a quienes se había prometido la independencia una vez acabada la Gran Guerra, el ministro de exteriores británico declaró el apoyo de su gobierno a la creación de “un hogar nacional judío” en la famosa Declaración de J. A. Balfour. La organización sionista internacional había logrado su primer gran objetivo, que una potencia mundial acogiera y patrocinara su proyecto colonial.

Los mitos del sionismo son conocidos y absolutamente todos basados en falsedades, una tarea que hubiera sido imposible de llevar a cabo de no ser por las grandes inversiones que se han hecho para la compra de académicos y políticos con el fin de crear una literatura y un estado de opinión favorable a la creación de un Estado ajeno en tierra ajena. Conociendo a quienes estaban detrás, se entiende que no hubiera problemas de financiación.

El sionismo se basa en mitos como “la tierra prometida” o “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, por no hablar de “el pueblo elegido”. Estos mitos han legitimado, a los ojos de los sionistas y los judíos engañados, toda su política terrorista tanto dentro de Palestina como en muchos puntos del planeta.

Además del pueblo palestino, los mismos británicos así como muchas comunidades judías en varios países han sufrido la acción terrorista del sionismo. Los palestinos fueron arrasados en sus pueblos y barrios y empujados a convertirse en refugiados dentro y fuera de su tierra, los británicos entendieron el mensaje tras el atentado contra el hotel rey David, y las comunidades judías sufrían atentados en sus sinagogas y barrios para obligarles a refugiarse en “el único estado judío” del mundo. Las organizaciones terroristas responsables eran Irgún, Stern y otras, las mismas que conformarían y conforman el Tsahal, el ejército israelí actual.

Aquí no se detiene la historia. La ocupación de Palestina y la opresión ejercida contra su pueblo han provocado decenas de conflictos armados, decenas de miles de muertos, millones de refugiados y una inestabilidad permanente en la región que ha derivado en humillación, corrupción, imposición de regímenes dictatoriales y obstrucción al desarrollo de los pueblos árabes. ¡Qué decir de la paz mundial!

Hoy no veremos reportajes que nos hablen con honestidad de la limpieza étnica que ha sufrido el pueblo palestino, ni se llamarán las cosas por su nombre, como el terrorismo sionista o de Estado. No se hablará del régimen racista del Apartheid, ni de los terroristas colonos que queman a palestinos vivos, ni de los asesinatos sistemáticos de los palestinos, niños y mujeres inofensivos inclusive…

Pero sí leeremos artículos y veremos programas sobre el terrorismo palestino, sobre el fundamentalismo de Hamás, la corrupción de Fatah, la violencia de los jóvenes árabes… y como decía Eduardo Galeano, el mundo patas arriba, las víctimas convertidas en verdugos y los verdugos y pobres víctimas. Luego nos indignamos cuando vemos a jóvenes desesperados que ante tanta humillación, sufrimiento y falta de perspectivas apuesten por la violencia.

Cien años después, en lugar de pedir perdón y trabajar duramente para resarcir parte del sufrimiento de los palestinos, los británicos prefieren celebrar con champaña los cien años de la declaración y su alegría por “la prosperidad” de “la única democracia” en oriente medio. Como para creer en la democracia y los derechos humanos.

Ante semejante barbaridad, cabe preguntarse: ¿Quién manda de verdad? ¿Reino Unido y Occidente sobre Israel o es al revés? ¿Cómo es posible que un grupo de racistas reunidos de diferentes partes de Europa, donde sufrían de antisemitismo sistemático y durante siglos, tengan tanto poder sobre la parte más poderosa e influyente del mundo? ¿O no son más que unos peones en un tablero de ajedrez que juegan los maestros del juego?

Palestina es la prueba verdadera de toda la farsa del mundo contemporáneo. Los palestinos, sabiéndolo o no, están luchando por todo el mundo, y sin duda, su victoria es la de todos, y su derrota, también. ¡Qué viva Palestina y viva su lucha!