Niñas y niñas

15
Nov

Por Houssien El Ouariachi

 

Hoy y cada 11 de octubre se celebra el día internacional de las niñas, un día para reflexionar, concienciar y actuar sobre el eslabón más débil de la humanidad, y por lo tanto, el que más sufre. No fue suficiente con el día internacional de la infancia, puesto que además de las violaciones de los derechos de los niños en general, las mil cien millones de niñas que hay en el mundo tienen otras dificultades específicas sobre las que es necesario reflexionar y buscar modos de superarlas.

Los medios de comunicación y las ONG’s, e incluso los gobiernos y la misma ONU, aprovechan el día de hoy para presentar informes sobre la situación de las niñas, informes que nos ilustran un diagnóstico doloroso sobre cientos de millones de niñas que sufren y los problemas que enfrentan.

Los titulares de hoy se hacen eco de los informes y nos dicen que cada 10 minutos una niña muere como víctima de la violencia en el mundo, 7,5 millones son casadas forzosamente, miles son sometidas a la ablación genital, en las zonas de conflicto tienen un 90% de probabilidades de no acceder a la escolarización,… cifras muy preocupantes sin duda y que dicen mucho de nuestro mundo enfermo.

Estos números son acompañados de imágenes, todas de países subdesarrollados, preferentemente de África, Latinoamérica y Asia, y también de análisis que nos habla de las tradiciones, culturas y religiones de esas regiones del mundo que favorecerían la proliferación de dichas discriminaciones. Dicho de otra manera, el mundo no occidental es nocivo para las niñas. Un análisis que se repite en todas las cuestiones relacionadas con los derechos humanos.

Esta visión, que ilustra el sufrimiento de buena parte de las niñas del mundo sin duda, esconde una visión racista y antropocéntrica que promueven la ONU, los países “desarrollados” y las grandes ONG’s, verdaderas multinacionales, y oculta la realidad de otras niñas que nunca salen en los informes, ni mucho menos se analiza el impacto de nuestro “mundo civilizado” en su vida.

Respecto a esas primeras niñas “tercermundistas”, los mismos informes nos dicen que donde más sufren es en los conflictos armados, pero no se dice que en la mayoría de los mismos o son provocados por las potencias “democráticas”, es decir, nosotros, o les vendemos armas; la pobreza que sufren en buena medida es impuesta por las instituciones financieras del “mundo desarrollado”; niñas explotadas laboralmente para que nos fabriquen la ropa de última moda, niñas explotadas sexualmente para satisfacer la demanda de los turistas venidos del mundo “libre y desarrollado”, y cómo no, se obvia que los regímenes que violan sistemáticamente los derechos humanos son “aliados” y “amigos” nuestros.

Es de hipócritas creer que somos humanistas y libres por dedicar dos minutos a “estas pobres niñas” en un informativo y aparentar sentir compasión e indignación, y de paso reforzar el etnocentrismo racista.

Y puesto que nunca salen en los informes un día como hoy, quiero hablar también de esas otras pobres niñas, sí, esas niñas blancas del mundo desarrollado que no sufren la ira de las catástrofes naturales ni la estupidez de las guerras, pero que igualmente son víctimas de una visión del mundo profundamente machista, profundamente materialista y profundamente egoísta; niñas que crecen en familias rotas, educadas para ser producto de venta en los escaparates y para adornar otros productos, niñas víctimas de la cosificación que sufren una presión cultural y mediática que rinde culto al cuerpo hasta provocar verdaderas epidemias como son la anorexia, la bulimia, la hipersexualización, el maltrato, el suicidio,… y cuya mayor aspiración es ser famosas y adineradas o emparejadas con famosos y ricos.

Estas niñas, aunque legalmente pueden llegar muy lejos social, económica y políticamente, son víctimas de una realidad y una cultura enfermas que ensalzan lo material y efímero y denigran lo espiritual y ético hasta convertir la libertad en una farsa que esconde una verdadera esclavitud que exprimirá su humanidad, feminidad, esfuerzo y trabajo a favor de un sistema corrupto, insolidario y usurero y a costa de su felicidad y su éxito personal, familiar y espiritual.

Feliz día, niñas y niñas.