Los refugiados y el futuro de la Unión Europea

15
Nov

Houssien El Ouariachi

Nunca en el mundo, desde la segunda guerra mundial, ha habido tantos refugiados como en la actualidad, lo que significa que no hemos aprendido mucho en la resolución de los conflictos que obligan a decenas de millones de personas en el planeta a abandonar sus casas y sus países.

En las últimas semanas hemos observado cómo miles y miles de refugiados, especialmente sirios, aunque no exclusivamente, ya que también hay una notable presencia de refugiados iraquíes, libios, somalíes, afganos, centroafricanos… llaman a las puertas de Europa en busca de refugio y asilo, en busca de un futuro lejos de la muerte y la destrucción.

La UE, más destacada por su potencia económica que por su papel político en la escena internacional, a causa de su seguimiento casi ciego de la política e intereses exteriores de Estados Unidos, ha fracasado en obligar a la Comunidad Internacional a actuar para apagar los incendios de las guerras en los países de origen de estos refugiados que ahora llaman a sus puertas. Falta de voluntad, o escasa visión estratégica, o egoísmo e intereses, o todo junto, el caso es que los conflictos de Siria, Libia, Irak, Somalia… con el tiempo se enquistan y desestabilizan la paz y la seguridad mundiales, y es justo lo que ofrece un caldo de cultivo para las organizaciones terroristas que la UE o la ONU dicen querer combatir.

Hemos fracasado en resolver dichos conflictos en su momento, y no parece que se muera en el intento en la actualidad; sin embargo, hay un deber legal y moral hacia los refugiados que huyen de las guerras que representa lo mínimo posible de nuestra condición humana, si se pierde, sencillamente habremos de rezar un réquiem sobre la Humanidad, se trata de la solidaridad.

Como es obvio, quien huye de la guerra, la muerte y la persecución se dirige hacia los lugares donde puede conseguir paz, libertad y seguridad, y no hay lugar mejor que el llamado primer mundo, y especialmente Europa, con la que, además, los países en conflicto mantienen una relación de ex metrópolis con todo lo que ello implica de relaciones culturales, económicas e históricas.

La llamada comunidad internacional se ve impotente e incapaz de hacer nada por las víctimas de estos conflictos, de hecho, las agencias de la ONU que atienden a los refugiados se quejan de la falta de financiación, tanto que están paralizando programas con los refugiados palestinos y otros por falta de liquidez; mientras los países árabes, especialmente los más ricos, parecen no saber qué hacer: ni quieren recibir a sus vecinos ni tienen programas para la acogida o ayuda de refugiados, por las calles de algunos países árabes andan los refugiados mendigando, pasaporte en mano, a la espera de una barcaza que les lleve a la orilla norte del Mediterráneo.

Sin embargo, Europa sí puede y debe, a pesar de la cobardía y egoísmo de muchos de los gobiernos miembros de la UE. Sí puede porque tiene los medios y sabe cómo ayudar a las decenas de miles de refugiados que llegan a sus puertas, y debe porque si no lo hace, nadie lo hará, y entonces toda idea de solidaridad y humanidad, estandartes de la construcción europea común, se caerían por sí solos, de ahí la advertencia sensata de la canciller alemana, Ángela Merkel, el día de ayer, al recordar que si los socios no están dispuestos a aceptar la libre circulación de los refugiados, habría que replantearse el acuerdo de Shengen. La canciller ha hecho gala de estar a la altura anunciando, en medio del esperpento de muchos gobiernos europeos, como el español que habla de no acoger a más de 2000 refugiados, la disposición germana de acoger a 800 mil refugiados este año, lo que representa un 1% de su población, y se ha enfrentado con los colectivos xenófobos que se oponen a esta decisión.

La bienvenida dada por decenas de miles de vieneses el día de ayer a los trenes de refugiados que llegaban de Budapest, así como por los cientos de voluntarios de toda la UE que intentan mitigar el sufrimiento de las familias refugiadas, por las diferentes iniciativas que aparecen por varios lados, tanto oficiales como de organizaciones no gubernamentales y de particulares, hacen pensar bien y ser optimistas de que la humanidad va a despertar y cada vez más tolerará menos la ineficacia, el egoísmo y la inoperancia de sus gobiernos ante los conflictos.

La UE debe dar un paso hacia adelante y liderar la política exterior internacional, es imprescindible para lograr un mundo menos conflictivo, y ello con el ejemplo y el activismo en los círculos internacionales. Así lo demanda su viva y rica sociedad civil. Si no lo hace, un mundo peor significa una Europa también peor.