LA INFORMACIÓN Y EL SENTIDO CRÍTICO

15
Nov

Houssien El Ouariachi

 

El mundo actual es descrito como la era de la información por excelencia. No en vano, la globalización es un fenómeno informativo y comunicativo antes de serlo económico y político. El avance espectacular de las empresas tecnológicas, especialmente aquellas relacionadas con la comunicación, como internet y las redes sociales. Jamás hubo tanta información disponible como en la actualidad, tanto que se habla de desinformación.

Ante esta nueva realidad, se hace necesaria la educación sobre la responsabilidad individual en el manejo de estas nuevas tecnologías. El efecto viral y extremadamente rápido de las informaciones que se publican dota las mismas de un gran poder de influencia, e incluso lleva a reacciones que no se limitan a la red, sino que la traspasan a la vida real.

Los medios de comunicación, y especialmente internet y las redes sociales, son medios muy influyentes y necesarios que responden al derecho de información de los ciudadanos, lo cual exige responsabilidad a la hora de publicar y divulgar información. Desgraciadamente, la democratización del ciberespacio, que tiene muchas ventajas, especialmente para la sociedad civil y para la libertad de expresión de los ciudadanos, no ha ido acompañada de una mayor profesionalización de los informadores y comunicadores, llevando al desempleo a decenas de miles de periodistas sólo en España; al mismo tiempo que cualquiera puede publicar lo que quiera. Puesto que la red ofrece un espacio perfecto para el camuflaje y el anonimato, los usuarios sin educación, valores, tapujos ni conciencia encuentran una óptima oportunidad para engañar, abusar, insultar, difamar… La red se transforma entonces en un medio para que los pedófilos, terroristas, intolerantes, timadores, manipuladores,… pesquen a sus víctimas y explotarlas para lograr sus corruptos e inmorales fines.

Uno de los fenómenos más extendidos en la red es la rumorología. Los rumores corren por internet más rápido que la pólvora. Y aquí, aunque parezca mentira, caen muchas personas, demasiadas, y no exclusivamente gente analfabeta. Por esta razón, y a raíz de varios rumores y noticias que sería imposible enumerar en este artículo por la larga lista, larguísima, de rumores y que tienen que ver con muchos temas, y especialmente sobre el Islam, los musulmanes, las conspiraciones… Estos rumores, dados por noticias o informaciones veraces, se convierten en temas que marcan tendencias, o en el lenguaje de Twitter, en “Trending Topic”, llevando a todo el mundo a hablar de lo mismo, compartirlo por las redes sociales e incluso por los servicios de mensajería como WhatsApp.

Cuando uno recibe estos mensajes lo único en que puede pensar es en cómo muchas personas pueden ser tan… ¿Cómo expresarlo? ¿Inconscientes? No lo sé,  ¿Analfabetos?, no necesariamente, muchas veces se trata de personas con estudios universitarios; ¿Ingenuos? Muy probablemente. El caso es que casi nunca dicha información aguanta ni la primera pregunta que hemos de hacer para contrastarla.

La pregunta es, como no puede ser de otra manera, sobre la fuente, ¿De dónde proviene la noticia o la información? Nada, no se sabe. ¿Y por qué entonces compartirlo o reenviarlo? Luego viene la segunda pregunta lógica, ¿Qué dice la noticia? Muchas veces se pretende conmocionar o incitar a la gente a indignarse sobre alguna supuesta injusticia; y como en la primera pregunta, la información suele tratarse de contenidos que aunque puedan molestar o sencillamente no gustar, perfectamente pueden encajar en el marco de la libertad de expresión o del desconocimiento y los prejuicios; y por último, dando por hecho que se tiene la fuente, viene la pregunta sobre la información contrastada y el contenido molesto, ¿Merecería la pena republicarlo, compartirlo o reenviarlo a todos los contactos? La mayor parte de las veces no merece la pena robarle tiempo a tus contactos invitándoles a leer o enterarse de información inútil.

Aunque estas tres preguntas parezcan una obviedad, a mucha gente se les escapan. Y a este respecto hay que recordar y apelar a la responsabilidad de cada uno, además de ser nuestras publicaciones un reflejo de nuestra personalidad e inteligencia. Por desgracia, muchas veces animados por el espíritu de la “primicia” y “la exclusiva”, puro sensacionalismo, o porque lo que se dice “coincide” con nuestros intereses y nuestras opiniones, o porque “la información” recibida pone mal a gente que no “nos cae bien”,… hacemos partícipes a los demás de la “interesante publicación” de forma casi automática.

A este respecto, y por norma, hemos de desconfiar de toda información que nos llegue hasta contrastarla. Dice Dios Altísimo: “¡Oh, creyentes! Si se os presenta alguien corrupto con alguna noticia corroborad su veracidad, no sea que perjudiquéis a alguien por ignorancia, y luego [de haber comprobado que era una noticia falsa] os arrepintáis por la medida que hubiereis tomado.”[1] La publicación de información equivocada o no contrastada es una falta grave que cualquier persona digna y coherente ha de evitar, así como no dar crédito a todo.

Tener un espíritu crítico y seguridad en uno mismo es necesario para no dejarse arrastrar por cualquier mentira o rumor, así como de dudar y sospechar sin ningún fundamento. Dios Misericordioso dice: “¡Oh, creyentes! Evitad sospechar demasiado [de la actitud de los demás], pues ciertamente algunas sospechas son un pecado; y no os espiéis, ni habléis mal del ausente, pues ello es tan repulsivo como comer la carne de un hermano muerto. ¿Acaso alguno de vosotros desearía hacerlo? Por supuesto que os repugnaría.”.[2]

Toda persona ha de tener criterio propio, autonomía en su juicio y seguridad e intención en aquello que hace, dice y publica. Es una cuestión de educación fundamental. En ello consiste tener “conciencia”, y ese es el camino hacia una vida más segura, libre y pacífica. No respetar estos valores éticos podría llevarnos a ofender a los demás, a creernos ofendidos, e incluso podría tener consecuencias inimaginables, tanto morales como materiales, y suelen estar detrás de muchos conflictos.

Dice el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él: “No seáis [imma’a] susceptibles y fáciles de provocar y engañar, decís si la gente se porta bien nos portamos bien y si se porta mal nos portamos mal, tened personalidad, si la gente se porta bien portaos bien, y si porta mal no seáis injustos”.[3]

El Mensajero de Dios, Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, advierte de la verborrea y la charlatanería, sus palabras a este respecto son muchas, claras y muy serias. Dice, la paz sea con él: “Ya es demasiado mentir contar todo lo que se oye[4]; es decir, se puede ser mentiroso sin necesidad de inventarse historias, como lo es contar aquello que se oye sin pasarlo por el filtro de la veracidad se estaría mintiendo.

Concluyendo, el mismo Enviado de Dios, la paz y las bendiciones sean con él, nos ofrece una maravillosa regla de oro que nos podría ayudar a ser responsables a la hora de hablar y publicar, dice, la paz sea con él: “Quien crea en Dios y el día último que hable bien o calle”.[5] Hablar bien quiere decir hablar con la verdad, decir lo que es bueno y beneficioso, informar de aquello que es de interés. Esta es la conciencia verdadera que nos ayuda a procurar la veracidad en nuestras palabras. Siempre que vayas a decir o publicar algo, pregúntate si es bueno, verdadero e interesante, si lo es, entonces habla o publica y beneficiarás a los demás, si no, no.

[1] Corán, Cap. 46, Vers. 6.

[2] Corán, Cap. 46, Vers. 12.

[3] Hadiz fidedigno narrado por el imam Tirmidí.

[4] Hadiz fidedigno narrado por Muslim.

[5] Hadiz fidedigno narrado por Bujari y Muslim.