Ashura, día de liberación

15
Nov

Houssien El Ouariachi

Estos días, la comunidad musulmana conmemora tres acontecimientos diferentes en el tiempo pero muy parecidos en su esencia y mensaje. La hégira y Ashura, este último con dos claras referencias históricas: la liberación del pueblo hebreo de las garras del Faraón y la rebelión liderada por el Imam Al-Husein, Dios esté complacido con él, contra el rey omeya.

Es muy significativo que los musulmanes hayan elegido el momento de la Emigración del Profeta, la paz sea con él, y sus Compañeros, Dios esté complacido con ellos, de Meca a Medina para el inicio de su calendario. De ahí que se recuerda los sacrificios de los primeros musulmanes que han tenido que sufrir persecución, tortura y asesinato a manos de los idólatras de Quraish con tal de desistir de su nueva fe.

Esos musulmanes, conocidos posteriormente como Muhayirun, Emigrantes, se mantuvieron firmes en su fe y en su actitud no violenta esperando que su pueblo llegase a comprenderles y respetar su derecho a la dignidad y a la libertad. Al ser imposible para muchos musulmanes, el Mensajero de Dios, la paz sea con él, les recomendó emigrar a “un país donde nadie es tratado injustamente”, ese país no era otro que la Abisinia cristiana gobernada por el Negus.

Sin embargo, la ira de los jefes tribales iba a más, así que después de perseguir a todos aquellos que permanecieron en la Meca y declarar el embargo a todo el Clan del Profeta, y al no tener éxito en su represión, decidieron finalmente matar al Enviado de Dios, la paz sea con él. Entonces le fue revelado que estaba autorizado para emigrar él y sus compañeros a su nueva patria, Yazrib, donde les esperaba una pequeña comunidad musulmana de los Ansar, auxiliadores, y donde nacería y se erigiría la comunidad musulmana como tal.

Los primeros musulmanes abandonaron su tierra y emigraron en busca de libertad, dignidad y justicia, para poder desarrollar su vida en libertad y de acuerdo a sus creencias, valores y principios, un mensaje que no tardarán en llevar a muchas partes del mundo, empezando por la misma Arabia, liberando a los pueblos para que pudiesen vivir en dignidad, libertad y justicia.

El día 10 de Muharram se celebra Ashura, un día que los musulmanes suelen ayunar en agradecimiento a Dios por la salvación del pueblo de Israel, que sufría la esclavitud y la humillación a manos del Faraón y su ejército, los judíos vivían en un verdadero sistema de apartheid. Para su liberación, Dios envía a Moisés, la paz sea con él, para educar y reformar al pueblo de Israel y luchar por su libertad. El Faraón no se lo iba a poner fácil, y como éste estaba tan apegado al poder y tan ciego no quiso hacer caso de los diferentes signos y milagros y liberar a los hebreos, condenando así a todo Egipto a la ira de Dios.

Moisés, la paz sea con él, no sin obstáculos del propio pueblo judío, logró reunir a los hebreos y dirigirse con ellos hacia la tierra de Canaán. Tenían que dejarlo todo atrás para comenzar una nueva vida en libertad, dignidad y justicia. Un día de Ashura, el Faraón persigue a Moisés y a su pueblo, y cuando más se acercaba a los seguidores de Moisés más miedo y pánico sentían éstos, pero la fe de Moisés en Dios era inquebrantable: “Es mi Dios, Él me guiará”, y el mar rojo se abrió para salvar a los israelitas y ahogar al Faraón y su ejército. Un signo eterno de la condena de la injusticia y la tiranía.

Otro acontecimiento que tuvo lugar el día Ashura, esta vez trágico, fue el martirio del imam Al-Husein, la paz sea con él. Tras el fallecimiento del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él y con su familia, y de los cuatro califas, Dios esté complacido con ellos, la comunidad musulmana sufrió un cambio de régimen político que pasó de la shura, la consulta, a la dictadura, una dictadura que no tardaría en convertirse en dinastía. Nacía el reino omeya.

El nuevo régimen no fue bien visto por la mayoría de los musulmanes, especialmente los Compañeros que aún seguían vivos y muchos dignatarios y aliados del cuarto califa y de su hijo Al-Hasan, Dios esté complacido con ellos, y si el primer rey omeya logró gobernar gracias a un pacto con el imam Al-Hasan, quien renunció a su derecho a gobernar a cambio de evitar la guerra y de restaurar el régimen califal tras su muerte, su hijo Yazid que le sucedería en el trono no tenía ninguna legitimidad para gobernar.

Varios dignatarios se rebelaron contra el nuevo rey omeya, y el Imam Al-Husein, Dios esté complacido con él, tras insistir la gente de Kufa en marchar hacia ellos para liderarles contra la tiranía de Yazid, accede y emigra hasta la provincia iraquí para unirse a sus aliados. Sin embargo, la Inteligencia omeya interceptó las comunicaciones y se apresuró a comprar la lealtad de los notables de Kufa y matar a quienes no se dejaron corromper.

Al llegar a Kerbala el Imam Al-Husein se ve sólo con sus familiares más allegados, hombres y mujeres; apenas contaba con 72 hombres para enfrentarse a un ejército de más de 4 mil hombres. Se le ofreció la rendición incondicional y humillarle llevándole como preso ante Yazid, declarando que no se había rebelado de forma injusta o indebida, sino que salía a luchar por la justicia y restituir la comunidad.

El día 10 de Muharram del año 61 de la hégira, correspondiente al 12 de octubre de 680 d.C. el imam Al-Husein y sus más allegados prefirieron morir a secundar un régimen corrupto e ilegítimo. Su martirio dio lugar a sucesivas revueltas que acabaron con la dinastía omeya.

Todas estas luchas y estos sacrificios no tenían otro fin que el de reconquistar la libertad, la justicia y la preservación de la dignidad de las personas y los pueblos. En pleno siglo XXI, son millones las personas que se ven obligadas a abandonar sus países en busca de paz, libertad, dignidad y justicia. Millones de personas que huyen de la guerra, la ocupación, la opresión, el hambre y la miseria.

El mar mediterráneo, el mar egeo, las vallas de Ceuta y Melilla, la frontera mexicano estadounidense, son nombres que espacios que se han convertido en sinónimo de vergüenza, insolidaridad e inhumanidad. Nuestro mundo prefiere condenar a las personas que buscan vivir digna y libremente y cerrarles las puertas a ofrecerles ayuda.

En conclusión, cada año y cada Ashura, los musulmanes renuevan su compromiso con la libertad, la dignidad y la justicia inherentes a la humanidad, y lo celebran alegrándose del éxito de la hégira que dio lugar al nacimiento de su comunidad, y por la salvación de los israelitas y de todo pueblo, y lloran el recuerdo del martirio del imam Al-Husein y su sacrificio, la paz sea con él.

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