EL ISLAM, EL RESPETO Y LA JUSTICIA

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Nov

Houssien El Ouariachi, 14/11/2014

En medio de tanto ruido mediático y tanta intolerancia en tantos puntos de este sufrido mundo y nuestra sangrante humanidad, el Islam se lleva la parte del León, como dicen los árabes, de las acusaciones de intolerancia y fanatismo, acusaciones que se deben a varias razones, algunas por rivalidad ideológica y de intereses, otras por la envidia, sí, sencilla y llanamente envidia, otras se deben al odio, hijo pródigo de la ignorancia.

Pero no solamente, buena parte de las razones de esta galopante islamofobia se debe a los mismos musulmanes, tanto individuos, como grupos y Estados. Hablando de los musulmanes, muchos ignoran su propia religión, y lo que es peor, muchos de sus juicios y actitudes son achacadas al Islam cuando en realidad nada tiene que ver, confundiendo conceptos, religión, costumbres y cultura; muchos grupos también hacen una lectura sesgada e interesada del Islam para justificar sus políticas, estrategias y sus atropellos, utilizando así el din del amor, la justicia y la paz para sus odiosas actitudes intolerantes y fanáticas.

Y cómo no, las estructuras que en teoría deberían dar una imagen fiel del Islam son los Estados; pero una simple vista a la realidad de los países llamados islámicos nos da a entender cuán lejos están del modelo profético y califal de Estado. Los informes internacionales ponen en evidencia el retraso y la decadencia de los Estados de mayoría musulmana en todos los niveles de desarrollo, crecimiento, justicia, transparencia, libertades y derechos humanos… lo que hace entender a muchos que esta realidad podría deberse al Islam mismo.

Ante tanto ruido y tanta confusión, se nos hace necesario examinar nuestras fuentes si es así o no, y lo que encontramos es tan bello, tan increíblemente humano que nos damos cuenta de porqué el Islam, a pesar de todo, avanza y lleva el amor y la esperanza a tantos hogares y pueblos del mundo. En este artículo trataremos de dar sólo dos ejemplos prácticos del respeto del Islam por los creyentes de otras religiones, en concreto de los cristianos, ya que estos últimos días, esta comunidad hermana está sufriendo persecución y violaciones de sus derechos en países como Irak y Siria, y ni más ni menos que ¡en nombre del Islam!

Durante el califato de Omar, Dios esté complacido con él, la expansión del Islam y los territorios liberados por los musulmanes se extendían hasta Túnez en el oeste y más allá de Jurasán al este, lo que ha permitido un contacto más directo con muchos pueblos y naciones, una de las principales, especialmente en la Gran Siria y el norte de África, fue la comunidad cristiana, hasta entonces bajo dominio bizantino.

La convivencia y las relaciones entre los conquistadores y los autóctonos fueron cordiales y respetuosas, aunque de vez en cuando tenían lugar casos de enfrentamiento o desacuerdo. La solución de estos conflictos nos ilustra el espíritu liberador y justo del Islam.

Un día, el hijo de Amr ibn Al’As, el conquistador y gobernador de Egipto, competía en una carrera de caballos y fue derrotado por un joven copto, el hijo del gobernador, ante la derrota, pegó al joven cristiano injustamente; el padre y el hijo cristianos fueron a Medina, la capital del califato, y se quejaron ante el Califa Omar. Éste llamó a consultas a su gobernador y al hijo de éste, y al confirmarse la agresión, Omar ordenó castigar al hijo y al padre, el joven cristiano le dice a Omar que él sólo quiere hacer justicia con su agresor, pero el califa le dijo que si no fuera por su padre, por su cargo de gobernador, no se habría atrevido a pegarle, por lo que el castigo lo merecen tanto Amr ibn Al ‘As como su hijo.

En el mismo Egipto, una vez conquistado el país, Amr ibn Al’As edificó una mezquita, y poco tiempo después, al quedarse pequeña, quiso ampliarla, no obstante, con la mezquita colindaba una casa de una mujer anciana cristiana que cuidaba huérfanos; el gobernador le propuso comprarle su casa pagándole generosamente, pero la mujer rechazó la oferta, por lo que ordenó destruir la casa y ampliar la mezquita, teniendo la mujer a su disposición el dinero en el Tesoro que podía recoger cuando quisiera. La mujer viaja a Medina y denuncia al gobernador, el califa escribe a su representante en Egipto y éste le confirma la historia, por lo que el califa Omar, Dios esté complacido con él le respondió de forma contundente, ordenando la destrucción de esa parte de la mezquita y la reconstrucción de la casa de la anciana cristiana, y así fue.

Estas historias son importantes ya que las primeras generaciones son el modelo a seguir, tal como afirman tantos hadices y dichos de los sabios. Contemplando su rigor y su práctica podemos dilucidar grandes lecciones para los musulmanes de hoy.

Respecto a la intolerancia y la discriminación, sólo la bajeza moral, la ignorancia y la falta de educación pueden justificar esta falta de respeto a la dignidad y a los derechos de los demás, que es por desgracia, lo que observamos últimamente en las zonas más conflictivas como Oriente Medio. Violaciones que por cierto, no son exclusivas de algunos musulmanes, tal como pueden hacernos entender los medios de comunicación, sino también de las potencias causantes de la inestabilidad y la inseguridad en la zona.

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